JUSTICIA

P. Wojciech Giertych, o.p. Teólogo de la Casa Pontificia

La voluntad humana, por nace por  naturaleza, está orientada hacia el bien. Se podría afirmar pues que no tiene necesidad de formarse para ser ejercida, por contraposición a la razón, que tiene necesidad de ser educada para adherirse a la verdad. Cuando las emociones se aplacan, a través de las virtudes de la fortaleza y la templanza, la voluntad, libre de obstáculos, desea el bien. Aún así esta interpretación no es del todo correcta; de hecho la voluntad tiene necesidad de formación en su movimiento "fuera de ella", hacia el bien de los demás. La voluntad necesita de la caridad para establecer una relación de amistad con Dios y con los amigos de Dios, y necesita de la virtud de la justicia para habituarse a ello, lo que resulta fundamental para respetar los derechos de los demás.
Desde pequeños, aprendemos lo que es la justicia: los padres enseñan a sus hijos a ser justos y a pensar en los derechos y necesidades del prójimo. Por eso la justicia está tan arraigada en la persona, tanto que sería posible movilizar masas en defensa de la justicia social. Sin embargo, cada vez menos personas están dispuestas a luchar unidas por la templanza social y la castidad. En el caso de las otras virtudes morales, es el "agente" mismo el que halla la forma de controlar las emociones. Sin embargo en el caso de la justicia, el medio es objetivo, lo dicta la misma realidad. Por ejemplo: si quiero controlar mi alimentación, soy yo quien debe decidir cuánto comer, si es mucho o poco. Pero si tuviera que pagar una deuda no podría decidir la cantidad que debo pagar, porque según mi justicia debo restituir la cantidad debida. El medio está "fuera de mi" y mi voluntad debe adecuarse a esa medida para poder ser justo en las relaciones con los demás.
Tradicionalmente la justicia se divide en tres partes. La justicia general o legal, que concierne al orden social. La comunidad humana organizada en forma de sociedad o de estado no es consecuencia del pecado original, ni de la dominación de los hombres, ni de robos o pactos sociales, sino que es algo natural. Como en el caso de las hormigas o las abejas, que tienen su propio orden social, también los hombres por naturaleza tienen necesidad de organizarse siguiendo un modelo social que tiene algunas desigualdades o diferencias. A lo largo de la historia la forma de organización de la polis ha ido cambiando, pero las estructuras sociales han seguido siendo necesarias y por tanto sostenidas y mantenidas por la sociedad. La justicia general o social se dirige a la sociedad y a sus necesidades naturales. Este tipo de justicia, cultivada por la voluntad de los individuos, sostiene desde dentro el funcionamiento de estas estructuras sociales y las defiende contra el abuso, cuidando de que estas estructuras respeten el principio de subsidiariedad y no se atribuyan un rol excesivo, casi salvador.
La justicia particular está dividida en dos clases específicas: la justicia distributiva y la justicia conmutativa. La primera se refiere a la equidad en la distribución de bienes y deberes. La segunda regula las relaciones entre individuos o personas morales, relaciones que pueden ser de carácter comercial o hacer referencia a la satisfacción de una deuda o mal causado. En la justicia distributiva, la equidad es de naturaleza geométrica, y por ello debe establecer las proporciones. La justicia conmutativa es de naturaleza aritmética; por ejemplo, en la compra de una mercancía exigiría que se pagara el justo precio. En la distribución de deberes – como los impuestos o el servicio militar o bienes – como la financiación de museos, hospitales o escuelas- se deben tener presentes las condiciones del beneficiario. Calcular los detalles de manera que los derechos del individuo y su dignidad humana sean respetados no es fácil, sobre todo en relaciones sociales complejas. La justicia requiere no sólo el respeto de la ley, la transparencia, el respeto de los procedimientos establecidos y el mantenimiento del consenso sino también el respeto de la naturaleza humana, inmutable fundamento de la humanidad y de sus relaciones sociales, aún más en una sociedad que cambia continuamente. Claramente un simple elenco de "derechos" no es suficiente para lograr una buena vida social, porque lo que es necesario es que las personas cultiven las virtudes, incluída la justicia, además que surjan reacciones creativas y justas que puedan impactar profundamente la vida privada, pública, profesional, comercial y política.

 

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