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EL TRABAJO DE DIOS, por Samuel Fernández Eyzaguirre.
La relación personal que se ha establecido entre el hombre y Dios impide la idea de un “descanso” metafísico y salvífico de Dios. Dios crea y conserva siempre todas las cosas; Dios, en Jesucristo, salva continuamente y, de este modo, muestra el sentido y el alcance de la santidad de su Nombre que consiste en ser Padre.
En este nuevo nivel de relación del hombre con Dios, el reclamo o la gratitud ante los efectos del terremoto, la oración antes del examen académico y del deporte no son trivialidades indignas de Dios. Las realidades que las provocan no son ámbitos exclusivos de lo puramente natural, del silencio, del “descanso” o, más radicalmente de la “muerte de Dios”, declarada por su irrelevancia respecto del mundo. Por el contrario, son manifestaciones de quién es Dios y de quién es el hombre, del sentido de la naturaleza y de la libertad, del culto verdadero, de la auténtica relación de dependencia del hombre con su Creador, como un hijo con su Padre.
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