VÍA CRUCIS, por John Henry Newman.

Este Vía Crucis, por inexcusable rigor histórico, se inscribe dentro de la piedad habitual del catolicismo europeo del siglo pasado; de ahí ciertos acentos de dramatismo –ligeramente suavizados en la traducción– ante el temor de la condenación, por encima del Amor confiado a Cristo, al Padre y al Espíritu Santo. Cosa perfectamente normal entonces en un pequeño texto de devoción. Como es habitual, sin embargo, el Venerable John Henry Newman imprime a estas Estaciones de la Cruz un giro en que se revelan rasgos propios de su singular temperamento y de su piedad: así, su intensa conciencia del mundo invisible se refleja en la presencia de Ángeles, cuando rodean el cuerpo llagado del Redentor, y en otras ocasiones; o la grandiosa visión escatológica final; o el conmovedor papel de madre que juega la Virgen en este Vía Crucis, verdaderamente mariano.

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