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LEY NATURAL Y LEY DIVINA, por Rémi Brague. A partir de la modernidad se ha tendido a oponer los conceptos de un estado de naturaleza concebido como la animalidad del hombre que tiende a su autopreservación, con el de ley natural como ley de la razón y, en un contexto más amplio, con el de ley divina. Esta idea no estaba presente en las culturas judía y griega que dieron origen a la civilización occidental, y la relación entre el orden humano y divino fue bien desarrollada por el pensamiento medieval, en particular por Tomás de Aquino. Hoy no se acude al fundamento de la ley Eterna para justificar la equidad de las leyes que rigen la sociedad, sino al de conciencia moral, sin contemplar que ella misma ha sido concebida desde los albores de nuestra cultura como una huella en el hombre del Infinito. La pregunta por la ley natural conduce a afrontar la cuestión de la base última de la legitimidad política, y su grado de dependencia respecto de la moral, el bien universal y la divinidad como punto de referencia definitivo de un orden social a escala humana.
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