«El Señor se acuerda de su alianza eternamente». Lo acabamos de repetir en el Salmo responsorial (Sal 105,8) . El Señor no olvida, nunca olvida. Bueno, sólo olvida en un caso, cuando perdona los pecados. Después de perdonar pierde la memoria, no recuerda los pecados. En los demás casos Dios no se olvida. Su fidelidad es memoria. Su fidelidad a su pueblo. Su fidelidad a Abraham es el recuerdo de las promesas que hizo. Dios eligió a Abraham para hacer un camino. Abraham es un elegido, era un elegido. Dios lo eligió. Luego en esa elección le prometió una herencia y hoy, en el pasaje del libro del Génesis, hay un paso más. «Por mi parte, esta es mi alianza contigo» (Gn 17,4). La alianza. Una alianza que le hace ver a lo lejos su fecundidad: «serás padre de muchedumbre de pueblos» (Gn 17,4). La elección, la promesa y la alianza son las tres dimensiones de la vida de fe, las tres dimensiones de la vida cristiana.

Cada uno de nosotros es un elegido, nadie elige ser cristiano entre todas las posibilidades que le ofrece el “mercado” religioso. Somos cristianos porque hemos sido elegidos. En esta elección hay una promesa, hay una promesa de esperanza, el signo es la fecundidad: Abraham serás padre de una muchedumbre de pueblos y... serás fecundo en la fe (cfr. Gn 17,5-6). Tu fe florecerá en las obras, en las buenas obras, en las obras de fecundidad también, una fe fecunda. Pero debes —el tercer paso— observar la alianza conmigo (cfr. 17,9). Y la alianza es fidelidad, ser fiel. Hemos sido elegidos, el Señor nos ha hecho una promesa, ahora nos pide una alianza. Una alianza de fidelidad. Jesús dice que Abraham se regocijó pensando, viendo su día, el día de la gran fecundidad, ese hijo suyo —Jesús era hijo de Abraham (cfr. Jn 8,56)— que vino a rehacer la creación, que es más difícil que hacerla, dice la liturgia, vino a redimir nuestros pecados, a liberarnos.

El cristiano es cristiano no para hacer ver la fe del bautismo: la fe de bautismo es un papel. Eres cristiano si dices sí a la elección que Dios hizo de ti, si vas tras las promesas que el Señor te hizo y si vives una alianza con el Señor: esa es la vida cristiana. Los pecados del camino están siempre en contra de esas tres dimensiones: no aceptar la elección y “elegir” nosotros muchos ídolos, tantas cosas que no son de Dios. No aceptar la esperanza en la promesa, ir, mirar de lejos las promesas, incluso muchas veces, como dice la Carta a los Hebreos (cfr. Hb 6,12; Hb 8,6), saludándolas de lejos y hacer que las promesas estén hoy con los pequeños ídolos que nosotros hacemos, y olvidar la alianza, vivir sin alianza, como si estuviéramos sin alianza.

La fecundidad es la alegría, esa alegría de Abraham que previó el día de Jesús y se llenó de alegría. Esa es la revelación que la palabra de Dios nos da hoy acerca de nuestra existencia cristiana. Que sea como la de nuestro Padre: consciente de ser elegido, alegre de ir hacia una promesa y fiel en el cumplimento de la alianza.


Fuente: Almudi.org

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