Alberto Methol Ferré: pensador de Iberoamérica y amigo del Papa Francisco

Alberto Methol Ferré auguró y previó la elección de Benedicto XVI y vislumbró en el horizonte la del Papa Francisco. En 2005, el 6 de abril para ser más exactos y por lo tanto trece días antes de la fumata blanca que llevó a Ratzinger a la cátedra de Pedro, Methol Ferré rompió una lanza a favor suyo. Al diario argentino La Nación declaró que era «un gran partidario de Joseph Ratzinger ». Más aún: «Pienso que es el hombre más indicado para ser Papa en estos momentos» de la historia. Consideraba todavía que no había llegado el tiempo de un Papa latinoamericano. Hacía falta más tiempo. No mucho, se apresuraba a aclarar. «Dentro de pocos años…». Este tiempo ya ha llegado. Un Papa argentino, además, que Methol Ferré conoció muy bien durante su vida, con el cual se encontraba y con quien colaboró estrechamente.

La relación entre Bergoglio y Methol Ferré viene de lejos. Un amigo uruguayo, Elbio López, afirma que ambos se conocieron “intelectualmente” en la década del ’70. Cara a cara, en cambio, se encontraron por primera vez en 1978, en la onda del impulso que ambos intentaban imprimir, también en Argentina, al debate preparatorio para la tercera Conferencia general del episcopado latinoamericano a realizarse en Puebla, México. Francisco Piñón, rector de la Universidad del Salvador de Buenos Aires en los años 1975-1980, evoca el momento del primer encuentro. «Fue un almuerzo de tres, que se llevó a cabo en el Colegio Máximo de San Miguel, sede pontificia, en aquel momento, de la Facultad de Filosofía y Teología de los jesuitas, parte de la Universidad del Salvador». Dos los puntos fundamentales de la conversación que tuvo lugar. «Se habló del momento histórico de América Latina y de la responsabilidad de la Iglesia en esa coyuntura. El tema de la cultura, tal como se estaba perfilando en la fase preparatoria de la Conferencia de Puebla en la que Methol tenía una participación activa, el de la religiosidad popular, el mismo tema de la Teología de la Liberación, se plantearon en profundidad durante la conversación».

En Argentina se había formado un núcleo, una línea teológica, que ponía el acento en lo existencial, en la religiosidad y en la cultura popular. Vale decir, más en la Historia que en la Sociología. Formaban parte de ese núcleo, entre otros, los argentinos Lucio Gera, Gerardo Farrell y Juan Carlos Scannone, nombres conocidos y frecuentados tanto por Bergoglio como por Methol Ferré. Todos tenían en común el acento en el tema de la religiosidad popular, de los pobres, de la cultura, de la historia latinoamericana, y desarrollaban un enfoque mucho más comprensivo de las realidades nacionales que, en consecuencia, entraba en conflicto con la teología de la liberación subordinada a la hermenéutica marxista. Con esta línea teológica y de pensamiento se identificaba Bergoglio, una corriente mucho más fuerte en Argentina que en otros países de América Latina y que se fue articulando en jornadas, publicaciones y revistas entre las cuales merece ser recordada Nexo, de la cual Bergoglio era lector asiduo. Otro compatriota de Methol Ferré, Guzmán Carriquiry, lo destaca en una carta escrita recientemente a su hijo Marcos. «Sé muy bien cuánto [Bergoglio] apreciaba y admiraba a Methol Ferré. Seguía con mucho interés y provecho todos sus escritos, especialmente los de la revista Nexo».

Methol Ferré viajaba seguido a Buenos Aires y muchas veces cruzaba el portón de Rivadavia 415 y subía hasta el segundo piso. Eran visitas que apreciaba, que se prolongaban mucho más allá de los horarios protocolares, muy poco respetados, por otra parte, por su mismo interlocutor. El que escribe ha sido más de una vez testigo de la seriedad de aquellos encuentros, del beneficio que obtenía de ellos y de la satisfacción con la que Methol Ferré salía de la casa del Cardenal. Satisfacción recíproca.

El 16 de mayo de 2009 Bergoglio aceptó presentar el libroentrevista a Methol Ferré, La América Latina del siglo XXI, en el auditorio de la avenida Santa Fe, en Buenos Aires. El salón estaba colmado. Bergoglio fue el primero en tomar la palabra y habló del libro como de un texto “de honda metafísica”. «El sujeto de la metafísica de Methol Ferré es el ser real como tal –determinado y limitado– que abre las puertas a lo universal concreto». Afirmó que, por el contrario, «las ideologías importadas generan universalidades abstractas», y enumeró dos problemas que pone de manifiesto el libro que estaba presentando: el de Dios y la Iglesia, y el problema de la globalización. Methol Ferré, dijo Bergoglio, «hace notar cómo el problema de Dios no puede plantearse fuera de un pueblo». El libro-entrevista, respaldado por tan autorizada presentación, apareció simultáneamente en español, italiano y portugués, esta última edición en Brasil, a la cual muy pronto se sumó otra mexicana. El cardenal Bergoglio adquirió una cierta cantidad de ejemplares y durante un tiempo los obsequió a los sacerdotes que iban a visitarlo.

Hay afinidades de pensamiento, concordancias espontáneas entre Bergoglio y Methol Ferré, y otras que Bergoglio ha compartido y hecho propias de la visión del filósofo uruguayo. En 2005, prologando la edición española de Una apuesta por América Latina de Guzmán Carriquiry, Bergoglio afirma la necesidad de «recorrer los caminos de la integración hacia la configuración de la Unión Sudamericana y la Patria Grande Sudamericana». Solos, aislados –argumenta– «contamos muy poco y no llegaremos a ninguna parte». El aislamiento, el concebirse separados, lleva a «un camino sin salida que nos condenaría a la condición de segmentos marginales, empobrecidos y dependientes de los grandes poderes mundiales». Opinión que repite, casi palabra por palabra, la de Methol Ferré, convencido de que «el que no forme parte de un estado-continente acabará, en un mundo global, al margen de la historia, donde sólo es posible expresarse en términos de lamentación, de furia o de silencio». Es el coro de la historia, otra expresión metholiana en referencia al teatro griego, donde el coro interviene para comentar la gesta de los primeros actores. «En los siglos XX y XXI sólo los estados-continente pueden ser protagonistas», afirma perentoriamente Methol Ferré.

En 2011, durante las celebraciones por los doscientos años del ciclo de independencias de los países latinoamericanos de España, Bergoglio escribió la introducción de la edición española de un segundo libro del doctor Carriquiry, El bicentenario de la independencia de los países latinoamericanos. Ayer y hoy. Afirma en el prólogo que considera «muy oportuna» la cita de Methol Ferré que hace el autor en la página 125, «donde el genial pensador del Río de la Plata hace referencia a la decadencia histórica de las ideologías sobre las cuales se construyó la variada serie de hermenéuticas sobre la independencia de los países latinoamericanos: después de los límites evidentes de los tópicos liberales, abundaron interpretaciones inspiradas en los ateísmos mesiánicos y sus utopías “salvacionistas” y hoy se inspiran en esa corriente de hedonismo nihilista en la que confluyen las crisis de los credos ideológicos». Aquí también resuenan con fuerza los ecos metholianos. Como lo hace notar otro uruguayo, el obispo Pablo Jaime Galimberti, el cardenal Bergoglio señala que «una de las corrientes que amenazan la cultura de los pueblos americanos es el “progresismo adolescente”, una especie de entusiasmo por el progreso que se agota en las mediaciones, abortando la posibilidad de un progreso sensato y fundante, conectado con las raíces de los pueblos». La expresión “progresismo adolescente” –observa Galimberti– «está en la misma línea de lo que Methol Ferré llama “ateísmo libertino”, que vive y se difunde, en perfecta simbiosis, por medio de la televisión y las nuevas tecnologías… “El ateísmo libertino es la exaltación de la corporeidad, la apoteosis del cuerpo sin un tú, puesto al servicio ansioso del eros”».

En efecto, para Methol Ferré el ateísmo libertino «es una de las formas que asume el ateísmo contemporáneo desde un cierto momento en adelante, como sustituto del ateísmo mesiánico que se había suicidado. (…) El viejo ateísmo aristocrático se convirtió en un hedonismo agnóstico cuya lógica última es un ateísmo libertino de masas». Así como para Bergoglio en la condición del hombre subyace una exigencia de belleza y de misericordia, también para Methol Ferré «la verdad del ateísmo libertino es la percepción de que el existir tiene un íntimo destino de gozo, que la vida misma está hecha para una satisfacción». San Francisco, para Methol Ferré lo mismo que para Bergoglio, que tomó su nombre como Papa, es uno de los ejemplos más extraordinarios de la belleza captada y reflejada en una figura humana histórica.

Poco antes de que se cumpliera un año de la muerte de Methol Ferré organizamos un simposio para recordar su figura, comenzar una primera sistematización de su pensamiento e iniciar un relevamiento de su vasta producción intelectual dispersa a lo largo y a lo ancho de toda América Latina. Bergoglio, Arzobispo en aquel momento, envió una carta de su puño y letra. Invitaba a recordar a Methol Ferré como «un gran hombre que tanto bien ha hecho a la conciencia latinoamericana y a la Iglesia». Esculpió en pocas palabras un elogio que bien puede figurar en un libro de historia de América Latina. «Su pensamiento agudo y creativo sabía mirar con perspectiva tanto las raíces como las utopías, y esto hacía de él un hombre fiel a la realidad de los pueblos».

Lo recordó nuevamente en octubre de 2010, en un texto de amplia perspectiva que Bergoglio escribió en preparación de las celebraciones por los 200 años de los países de América Latina: Hacia un bicentenario en justicia y solidaridad (2010-2016). Nosotros como ciudadanos, nosotros como pueblo. Mirando hoy el continente, Bergoglio ponía de manifiesto desde las primeras páginas una tendencia cada vez más marcada a exaltar al individuo, a afirmar su supremacía y la de sus derechos por sobre la dimensión relacional del hombre. «Es el reinado del yo pienso, yo opino, yo creo por encima de la realidad misma, de los parámetros morales, de las referencias normativas, sin hablar de preceptos de orden religioso». Y aquí, en esta apertura analítica sobre la América Latina contemporánea, remitía a un concepto análogo propuesto por «un amigo querido ya fallecido, Alberto Methol Ferré». Amigo que describía la misma tendencia como «un individualismo libertino, hedonista, amoral, consumista, que no tenía horizonte ético ni moral. Se trataba, para él, del nuevo reto para la sociedad y para la iglesia en América Latina». Es el único pensador laico, junto con Leopoldo Marechal, que ha sido citado en un documento oficial, una especie de encíclica histórica sobre América Latina escrita por Bergoglio, que rezuma en cada página la misma visión que Methol Ferré.

Bergoglio siguió solícitamente los últimos meses de la enfermedad de Methol Ferré. Varias veces quiso que lo informáramos sobre su estado de salud. Sé que deseaba conferirle una distinción de la Universidad Católica de la que era Gran Canciller. Me había comprometido a hacerle saber si las condiciones de Alberto mejoraban para poder cumplir sus propósitos. Lamentablemente las cosas fueron de otra manera y Methol Ferré murió en noviembre de 2009. En septiembre de 2011 se constituyó la Asociación Civil Alberto Methol Ferré, de la que Bergoglio es socio honorario.


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