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El rol de la universidad en el cuidado de la casa común

Agradecemos al ex presidente de la República, don Ricardo Lagos Escobar, por haber aceptado esta invitación y presentarnos una consistente ponencia sobre la encíclica Laudato si’, además de acompañarnos hoy día para compartir este coloquio abierto al mensaje que nos entrega el Papa Francisco. Felicito a revista Humanitas por la iniciativa de invitarnos a esta nueva instancia de reflexión en la Universidad. Agradezco también la presencia del profesor Eduardo Valenzuela, Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, por su participación en este encuentro.


El llamado del Papa a desarrollar una ecología integral ha sido acogido no solo por la Iglesia, sino que también ha merecido la atención de gobernantes, políticos, científicos, académicos, economistas, y diversos líderes.

A pocos días de haber sido difundida Laudato si’, el presidente de los Estados Unidos, Barak Obama comentó positivamente esta invitación del Papa a cuidar nuestra casa común. También el ex presidente Lagos publicó en su columna semanal en el Diario Clarín de Buenos Aires, sus puntos de vista sobre el tema que plantea la Laudato si’, lo que ha desarrollado hoy, en esta Aula Magna, con generosa claridad.

Entre las convocatorias de 2015 para atender este tema a nivel global, esperamos con fe que los participantes en la Conferencia sobre Cambio Climático, a realizarse en París, logren acuerdos que se cumplan y que sean gravitantes para moderar y reducir el calentamiento global del planeta.

La Universidad Católica hace vida el mensaje de la Laudato si’

En la Universidad Católica, hemos estado reflexionando sobre lo que plantea el Sumo Pontífice en relación a la raíz humana de la crisis ecológica desde que se diera a conocer esta carta en mayo último. Se han desarrollado varios coloquios y seminarios. Queremos hacer vida su mensaje no solo en la academia sino que también en nuestro desempeño en la sociedad toda. Queremos seguir aportando soluciones en el área de la sustentabilidad para cuidar nuestra casa común con propuestas concretas.

Junto con especificar que la encíclica va mucho más allá del cuidado del medio ambiente y del cambio global, detallo algunas tareas que hemos realizado. En el año 2010, adherimos como universidad al protocolo universitario Campus Sustentable, planteándonos la tarea de revisar nuestro desempeño y, a partir de los resultados, establecimos los pasos necesarios en nuestro compromiso con la sustentabilidad.

A fines del año pasado, publicamos nuestro primer Reporte de Sustentabilidad, en el que presentamos el resultado del análisis de nuestra institución a la luz de la sustentabilidad y asumimos compromisos con miras a hacer de nuestra UC una universidad más sustentable. Formamos parte también de la Red Campus Sustentable y compartimos su visión en el sentido de promover activamente la incorporación de herramientas, principios y valores de la sustentabilidad en la comunidad académica, para así construir una sociedad justa, culturalmente rica y ambientalmente benigna.

El rol que nos cabe a las universidades es clave para buscar soluciones, entregando los conocimientos y experiencias que permitan abordar el escenario que enfrenta nuestra casa común. Mediante la investigación, debemos proponer los caminos de un desarrollo sustentable y, con una formación integral, educar para ello. La encíclica Laudato si’ sin dudas es un importante respaldo en el camino escogido y nos ha llevado en las últimas semanas a realizar distintos acercamientos a su mensaje a través de miradas desde la teología, la ciencia, la filosofía, las ciencias sociales, la economía, las humanidades.

La riqueza de la encíclica

El decano de la Facultad de Teología, profesor Fredy Parra, ha destacado la riqueza de la espiritualidad cristiana contenida en el documento, aprendida y vivida durante siglos. Se requiere de una verdadera conversión ecológica para enfrentar el tema, entre las que destaca:

  • Reconocer la gratitud y gratuidad del mundo como un don recibido.
  • La necesidad del hombre de ser consciente de la relación que debe mantener con las demás criaturas y que los demás seres vivos tienen un valor propio ante Dios.
  • Aplicar la sobriedad y simplicidad en el modo de vivir.
  • Entender la superioridad humana, no como motivo de gloria personal o de dominio irresponsable, sino como una capacidad diferente que le impone una grave responsabilidad que brota de su fe.

Destaco también la voz del doctor Juan Carlos Castilla, Premio Nacional de Ciencias, quien ha hecho ver que la invitación del Papa es a mirar la ecología con el ser humano como parte integral de ella. Señala a su vez que existe una necesidad urgente de alfabetización ambiental, afirma, al igual que reconoce en la ética ambiental un rol clave (Web UC, Discursos sobre Laudato si’).

En tanto, el historiador Joaquín Fermandois señala que la Laudato si’ es una “caricia de Dios”. Puntualiza que la encíclica vincula, casi en igualdad de condiciones, a dos males: la crisis del medio ambiente y la pobreza. Fermandois agrega que la economía moderna emparejada con la ciencia es quizás la única que posee los instrumentos para identificar y superar la pobreza. Pero advierte, como lo ha sostenido el economista Jeffrey Sachs, que cuando el proceso económico es abandonado a su propia lógica, como cualquier ámbito de lo humano, deviene autodestructivo e incluso contraproducente a sus propios fines.

El historiador nos recuerda que, junto al amor y admiración por la tierra y el cielo poblado de estrellas, la encíclica constituye una invocación poderosa a que la reverencia a la naturaleza y la autolimitación ocupen un lugar en la cultura contemporánea, junto a la producción y reproducción de las cosas y a la utilización de esa naturaleza.

Revista Humanitas, que nos convoca hoy a este coloquio, destaca por su parte la Laudato si’ en el editorial de su última edición, presente en esta sala, mostrándola como un hito en la doctrina social de la Iglesia, comparable en su importancia con la Rerum novarum de León XIII a fines del siglo XIX. Humanitas se refiere al llamado al sentido de responsabilidad que hacía León XIII frente a una sociedad que se industrializaba velozmente y que se situaba ante un contexto de ligereza e irresponsabilidad social y política. En tanto, expresa que llama la atención, y constituye todo un signo a meditar, la constatación que hace el Papa Francisco en el sentido de que esa irresponsabilidad social y política no ha tenido hasta ahora cura verdadera.

Según lo señala la Laudato si’, “la humanidad del periodo post-industrial quizá sea recordada como una de las más irresponsables de la historia” (LS 165). El papa Francisco constata en su encíclica que hoy día el mundo vive la dinámica de un estado contra-cultural profundamente dañino al bien común, del que es difícil evadirse y en el cual la política es dominada por la economía y ésta, a su vez, por el paradigma eficientista de la tecnocracia. Nos habla de la existencia de una crisis socio-ambiental que reclama la necesidad imperiosa del humanismo.

Es de la mayor importancia no perder el foco de la pregunta fundamental que nos plantea la encíclica: ¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo? ¿Cuál es el impacto de nuestro quehacer en el mundo que dejaremos a las nuevas generaciones? Esta no es una pregunta ideológica ni técnica, lo muestra bien Antonio Spadaro en su guía de lectura de la encíclica; es más bien una fuerte interrogante que plantea la cuestión ecológica como algo central para nuestra humanidad. El Papa pregunta: “¿Para qué pasamos por este mundo? ¿Para qué vinimos a esta vida? ¿Para qué trabajamos y luchamos? ¿Para qué nos necesita esta tierra?” (LS 160). Con estas interrogantes, Francisco se hace eco de la propuesta de sus antecesores y fundamenta en su mensaje por qué un Sumo Pontífice debe ocuparse de la ecología. De esta manera, pone el tema en la primera línea de la agenda mundial, cuestionando así a los líderes y a la sociedad toda.

En su encíclica, el Papa cita a San Juan XXIII cuando invocaba a todos los hombres de buena voluntad a buscar la “Paz en la Tierra”; a Paulo VI cuando advirtió sobre la posibilidad de una catástrofe ecológica bajo el efecto de la civilización industrial y a la explotación inconsiderada de la naturaleza; a San Juan Pablo II cuando nos llamaba a una conversión ecológica global y a salvaguardar las condiciones morales de una auténtica ecología humana (LS 3-5).

Como lo registra el Padre Antonio Spadaro, cada capítulo de la encíclica aborda una temática propia con un método específico, pero en el texto en general hay ciertas líneas temáticas fundamentales que le proporcionan una gran unidad. Estas son resumidas y presentadas por el Pontífice mismo:

“La íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado, la crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología, la invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura, el sentido humano de la ecología, la necesidad de debates sinceros y honestos, la grave responsabilidad de la política internacional y local, la cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida” (LS 16).

Francisco también cita a su inmediato predecesor, el Papa emérito Benedicto XVI, cuando éste se refiere a la necesidad de garantizar el respeto del medio ambiente y la mirada integral que debemos dar al mundo, ya que no puede ser analizado sólo aislando uno de sus aspectos, porque el libro de la naturaleza es uno e indivisible: incluye el ambiente, la vida, la sexualidad, la familia, las relaciones sociales, etcétera (LS 6).

La tierra es nuestra casa común, “como una madre bella que nos acoge en sus brazos”, son las hermosas y profundas palabras del Papa Francisco al inicio de la Laudato si’, quien cita la invocación de San Francisco de Asís en el Cántico de Las criaturas: “Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba” (LS 1). Este acento puesto en la alabanza es una confirmación del enfoque global del mensaje del papa. La preocupación por la naturaleza, la protección de los más vulnerables, el compromiso con el desarrollo integral de la sociedad y la paz interior del hombre se presentan de manera conjunta.

Nuestra tarea como Universidad

El Papa desarrolla el concepto de ecología integral a lo largo de toda la encíclica, concepto que busca la manera de articular las relaciones de la persona con sus pares, consigo misma, con la creación y con Dios. Una ecología que permita comprender “el lugar específico que el ser humano ocupa en este mundo y su relación con la realidad que lo rodea” (LS 15). “Somos tierra”, recuerda Francisco citando al Génesis y señala: “Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura” (LS 2). Sitúa así el desarrollo de nuestra historia en un espacio geográfico, y expresa el valor que representa volver la mirada a nuestras raíces: “Quien ha crecido entre los montes, o quien de niño se sentaba junto al arroyo a beber, o quien jugaba en una plaza de su barrio, cuando vuelve a esos lugares, se siente llamado a recuperar su propia identidad” (LS 84).

Como universidad católica, no podemos ser ajenos a este concepto, toda vez que nuestra propia visión institucional nos impulsa a transmitir, a través de nuestro quehacer, el compromiso con nuestra misión fundacional, aspirando a que en nuestra relación con quienes nos rodean –alumnos, académicos, profesionales, administrativos y la sociedad completa– se refleje en plenitud la fe que nos inspira.

Al analizar la raíz humana de la crisis ecológica, el Papa ciertamente reconoce los adelantos en ciencia y tecnología, los que bien orientados significan un real avance. Sin embargo, también enfatiza el poder que ello entrega, razón por la que se requiere “una ética sólida, una cultura y una espiritualidad” para poder avanzar con justicia y caridad. Aun así, dice que “el avance de la ciencia y de la técnica no equivale al avance de la humanidad y de la historia” (LS 113).

Desgraciadamente, la mentalidad tecnocrática de nuestros días concibe la realidad como un objeto manipulable en forma ilimitada y “la economía asume todo desarrollo tecnológico en función del rédito” (LS 109). Un gran desafío para reorientar el enfoque, reconocer el aumento de la calidad de vida de nuestros pueblos y trabajar para poner al hombre en el centro del desarrollo.

La encíclica advierte que el modelo de desarrollo que conocemos condiciona directamente la calidad de vida de la mayor parte de la humanidad, mostrando que “el crecimiento de los últimos dos siglos no ha significado en todos sus aspectos un verdadero progreso integral” (LS 46).

Los más afectados por el deterioro del ambiente y de la sociedad son los más débiles, los excluidos (LS 48). El clamor de la tierra es el mismo clamor de los pobres. De este hecho surge la necesidad de contrarrestar “el consumismo extremo y selectivo” de una minoría de la población mundial (LS 50). La disponibilidad al cambio de estilos de vida, de producción y de consumo es una exigencia, según lo plantea Francisco (LS 59).

En la Exhortación Apostólica Ex Corde Ecclesiae, que orienta nuestro camino como Universidad Católica, el Papa Juan Pablo II señala precisamente que “en el mundo de hoy, caracterizado por unos progresos tan rápidos en la ciencia y en la tecnología, las tareas de la Universidad Católica asumen una importancia y una urgencia cada vez mayores”. Agrega también, que “si bien los descubrimientos científicos y tecnológicos conllevan un enorme crecimiento económico e industrial, por otra nos imponen ineludiblemente la necesaria correspondiente búsqueda del significado”. Por ello, debemos trabajar para garantizar que los nuevos descubrimientos sean usados para el auténtico bien de cada persona y del conjunto de la sociedad humana.

Debemos formar a nuestros alumnos en un contexto de fe, capaces de tener un juicio racional y crítico, conscientes de la dignidad trascendental de la persona humana. El Papa nos llama así a una “revolución cultural” para recuperar los valores. La propuesta de ecología integral busca incorporar las dimensiones humanas y sociales, y “también supone el cuidado de las riquezas culturales de la humanidad”.

Nuevamente, el llamado del Papa Francisco se complementa con lo que nos dice San Juan Pablo II en Ex Corde Ecclesiae, en el sentido de que nuestros docentes deben ser testigos y educadores de una auténtica vida cristiana; a la vez que los estudiantes han de adquirir una educación que armonice la riqueza del desarrollo humanístico y cultural con la formación especializada.

Frente a la necesidad de vivir en armonía con toda la vida que encierra esta casa –cuidar nuestra casa común es el llamado de la Laudato si’– el Papa nos dice que “debemos rechazar con fuerza que, del hecho de ser creados a imagen de Dios y del mandato de dominar la tierra, se deduzca un dominio absoluto sobre las demás criaturas… No somos Dios. La tierra nos precede y nos ha sido dada: al ser humano le corresponde la responsabilidad de labrar y cuidar el jardín del mundo” (LS 67).

Francisco nos recuerda que “el universo no surgió como resultado de una omnipotencia arbitraria…la creación es del orden del amor” (LS 77).

Es desde aquí, desde la universidad, desde donde nosotros podemos ayudar a promover un mejor trato hacia nuestra casa: desde la perspectiva cultural, científica y humanística. Desde la reflexión ética, filosófica, moral.

En su último capítulo, Laudato si’ nos plantea la necesidad de una educación y espiritualidad ecológica, apostando por otro estilo de vida, promoviendo la alianza entre la humanidad y el ambiente, viviendo una conversión ecológica: “Todo está conectado –nos dice el papa Francisco–, y eso nos invita a madurar una espiritualidad de la solidaridad global que brota del misterio de la Trinidad” (LS 240).

No siempre resulta fácil rediseñar hábitos y comportamientos, por tanto, la educación y la formación constituyen desafíos centrales. Y en este sentido, el Papa Francisco nos dice que “todo cambio necesita motivaciones y un camino educativo […] Muchas cosas tienen que reorientar su rumbo, pero ante todo la humanidad necesita cambiar. Se destaca así un gran desafío cultural, espiritual y educativo que supondrá largos procesos de regeneración” (LS 202). Como institución de educación superior, acogemos esta invitación.

Nos cabe una inmensa responsabilidad en la formación de agentes de cambio. Debemos formar profesionales con conocimientos de futuro en temas de impacto ambiental y en los efectos del cambio global en las comunidades. Es necesario que en esta tarea avancemos también en la integración entre disciplinas, ya que asumir los desafíos de un modelo sustentable requiere un diálogo fluido entre éstas. Como señala el papa Francisco, “todos podemos colaborar como instrumentos de Dios para el cuidado de la creación, cada uno desde su cultura, su experiencia, sus iniciativas y sus capacidades” (LS 14).

Agradecemos al Señor su divina creación como un proyecto de paz, belleza y plenitud.

Muchas gracias.


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