Se despliega en estas páginas un resumen de las palabras pronunciadas en referencia al tema desde el inicio de su pontificado.

 En el momento en que estamos escribiendo, considerando las fuentes oficiales, el Papa Francisco se ha referido al tema de la corrupción por lo menos en 34 ocasiones desde el día de su elección como Pontífice. Las expresiones más fuertes aparecen en las meditaciones matutinas, en la Capilla de la Casa de Santa Marta, constituyendo una prerrogativa con carácter exclusivo de este pontificado. Comentando las lecturas propuestas por la liturgia del día, el Papa Francisco ha propuesto 11 veces evitar debidamente el “escándalo” de la corrupción si deseamos ser verdaderos cristianos.

Las reflexiones en este ámbito aparecen también en 11 discursos dirigidos a obispos o delegaciones recibidas en el Vaticano, en visitas a organismos internacionales y en viajes apostólicos al extranjero, como el de Río de Janeiro con motivo de la 28ª Jornada Mundial de la Juventud.

Luego hay 3 homilías, 2 audiencias generales del día miércoles, 2 Angelus, 2 cartas, 2 mensajes y la Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, que representa, como sabemos, una especie de “carta magna” del ministerio apostólico de Francisco.

La intervención más reciente

La intervención más reciente se encuentra en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz del 1 de enero de 2015, con fecha 8 de diciembre de 2014, en el cual Francisco atribuye a la corrupción una de las «causas profundas de la esclavitud» con estas palabras:

Entre las causas de la esclavitud hay que incluir también la corrupción de quienes están dispuestos a hacer cualquier cosa para enriquecerse. En efecto, la esclavitud y la trata de personas humanas requieren una complicidad que con mucha frecuencia pasa a través de la corrupción de los intermediarios, de algunos miembros de las fuerzas del orden o de otros agentes estatales, o de diferentes instituciones, civiles y militares.

La primera vez

La primera vez que el Papa Francisco habló de la corrupción fue en la Homilía del Domingo de Ramos del año 2013, once días después de su elección.

Miremos a nuestro alrededor: ¡cuántas heridas inflige el mal a la humanidad! Guerras, violencias, conflictos económicos que se abaten sobre los más débiles, la sed de dinero, que nadie puede llevárselo consigo, lo debe dejar. Mi abuela nos decía a los niños: El sudario no tiene bolsillos. Amor al dinero, al poder, la corrupción, las divisiones, los crímenes contra la vida humana y contra la creación. Y también —cada uno lo sabe y lo conoce— nuestros pecados personales: las faltas de amor y de respeto a Dios, al prójimo y a toda la creación. Y Jesús en la cruz siente todo el peso del mal, y con la fuerza del amor de Dios lo vence, lo derrota en su resurrección.

Las reflexiones más argumentadas

En Evangelii gaudium, la exhortación apostólica publicada hace un año, el Papa Francisco dedica a la corrupción los puntos 56, 60, 75 y 97, y en estos ofrece las reflexiones seguramente más argumentadas.

56 - Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. (…) A todo ello se añade una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales. El afán de poder y de tener no conoce límites. (…).

60 - (…) Esto se vuelve todavía más irritante si los excluidos ven crecer ese cáncer social que es la corrupción profundamente arraigada en muchos países —en sus gobiernos, empresarios e instituciones—, cualquiera que sea la ideología política de los gobernantes.

75 - No podemos ignorar que en las ciudades fácilmente se desarrollan el tráfico de drogas y de personas, el abuso y la explotación de menores, el abandono de ancianos y enfermos, varias formas de corrupción y de crimen. Al mismo tiempo, lo que podría ser un precioso espacio de encuentro y solidaridad, frecuentemente se convierte en el lugar de la huida y de la desconfianza mutua. (…) Pero vivir a fondo lo humano e introducirse en el corazón de los desafíos como fermento testimonial, en cualquier cultura, en cualquier ciudad, mejora al cristiano y fecunda la ciudad.

97 - Quien ha caído en esta mundanidad mira de arriba y de lejos, rechaza la profecía de los hermanos, descalifica a quien lo cuestione, destaca constantemente los errores ajenos y se obsesiona por la apariencia. Ha replegado la referencia del corazón al horizonte cerrado de su inmanencia y sus intereses y, como consecuencia de esto, no aprende de sus pecados ni está auténticamente abierto al perdón. Es una tremenda corrupción con apariencia de bien. (…).

Las palabras más duras

Las palabras más duras expresadas por el Pontífice en relación con la corrupción se remontan en cambio al 23 de octubre pasado, y se encuentran en el Discurso dirigido a la delegación de la Asociación Internacional de Derecho Penal recibida en el Vaticano (cfr. Fenomenología de la corrupción, pág. 240).

Aquí el Papa ofrece consideraciones “sobre algunas formas de criminalidad que menoscaban gravemente la dignidad de la persona y el bien común”. Y en segundo lugar, después del “delito de la trata de personas”, pone el “delito de corrupción”: “la corrupción es ella misma también un proceso de muerte: cuando la vida muere, hay corrupción”. Francisco se centra de manera especial en la persona corrupta, que “atraviesa la vida con los atajos del oportunismo”, “llegando a interiorizar su máscara de hombre honesto”.

El corrupto “no valora a los demás y ataca con el insulto a quien piensa de modo diverso. Si las relaciones de fuerza lo permiten, persigue a quien lo contradiga”. Por otra parte, “la corrupción se expresa en una atmósfera de triunfalismo porque el corrupto se cree un vencedor”. Asimismo, “no conoce la fraternidad o la amistad, sino la complicidad y la enemistad”. Y además “no percibe su corrupción”, precisamente como sucede con quien tiene “mal aliento”: son los demás quienes se lo deben decir.

La corrupción “es un mal más grande que el pecado” —dice Francisco— y “más que perdonado, este mal debe ser curado”. Por lo tanto, agrega palabras que merecen leerse considerando su integridad y su carácter dramático:

La corrupción se ha convertido en algo natural, hasta el punto de llegar a constituir un estado personal y social relacionado con la costumbre, una práctica habitual en las transacciones comerciales y financieras, en los contratos públicos, en toda negociación que implique agentes del Estado. Es la victoria de las apariencias sobre la realidad y de la desfachatez impúdica sobre la discreción respetable.

Refiriéndose más directamente al público que tiene al frente, entra también en el mérito de la sanción penal:

La sanción penal es selectiva. Es como una red que captura solo los peces pequeños, mientras que deja a los grandes libres en el mar. Las formas de corrupción que hay que perseguir con la mayor severidad son las que causan graves daños sociales, tanto en materia económica y social —como por ejemplo graves fraudes contra la administración pública o el ejercicio desleal de la administración— como en cualquier tipo de obstáculo interpuesto en el funcionamiento de la justicia con la intención de procurar la impunidad para las propias malas acciones o para las de terceros.

A los jóvenes brasileños

En su primer viaje internacional a Río de Janeiro, en Brasil, para participar en la 28ª Jornada Mundial de la Juventud, en un país claramente afectado por la plaga de la corrupción, Francisco invita a los jóvenes a no desanimarse, a no perder la confianza y a no dejar que la esperanza se apague. En la visita a la comunidad de Varginha (Manguinhos) dice abiertamente: “La realidad puede cambiar, el hombre puede cambiar. Sean los primeros en tratar de hacer el bien, de no habituarse al mal, sino a vencerlo con el bien”.

Son palabras que repite al día siguiente, en el Vía Crucis, en el paseo marítimo de Copacabana, cuando afirma que

en la Cruz, Jesús está junto a tantos jóvenes que han perdido su confianza en las instituciones políticas porque ven el egoísmo y corrupción, o que han perdido su fe en la Iglesia, e incluso en Dios, por la incoherencia de los cristianos y de los ministros del Evangelio. ¡Cuánto hacen sufrir a Jesús nuestras incoherencias!

A los obispos africanos

Recibiendo en distintos momentos a los obispos de las Conferencias Episcopales de Madagascar, de Sudáfrica y de Ghana en visita “ad limina”, el Papa los estimuló para seguir trabajando a favor de los débiles, los pobres y los marginados, cuya condición “se debe en gran medida a la corrupción y a una falta de atención por el bien común”. Los obispos de Sudáfrica, en particular, escribieron una declaración pastoral sobre la corrupción —“la corrupción es un robo a los pobres… hiere a quien es más vulnerable… daña a toda la comunidad… destruye nuestra confianza”— y el Papa Francisco manifiesta su apoyo ante esta preocupación: “La comunidad cristiana está llamada a ser coherente con su testimonio de las virtudes de honradez e integridad, para que podamos estar ante el Señor y ante nuestro prójimo con las manos limpias y el corazón puro (cf. Sal 24,4) como levadura del Evangelio en la vida de la sociedad”. Es un tema que el Papa reitera con los obispos de Ghana: es imprescindible que cualquier medio temporal que la Iglesia tenga a disposición siga siendo administrado con honradez y responsabilidad para dar un buen testimonio, especialmente allí donde la corrupción ha obstaculizado el justo progreso de la sociedad”.

A la FAO

Hasta ahora, en el tema de la corrupción, el Papa Francisco se ha dirigido a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en dos ocasiones. La primera tuvo lugar el 20 de junio de 2013, cuando recibió en el Vaticano a quienes participaron en la 38ª Sesión del organismo, y la segunda el 20 de noviembre de este año, en la visita a la Sede de Roma, en la 2ª Conferencia internacional sobre nutrición.

En ambos casos, el Papa reiteró la importancia de poner en primer lugar “a la persona y la dignidad humana”, haciendo un reproche explícito a “tantos sofismas” y coartadas que acompañan los debates sobre la lucha contra la pobreza y el hambre. Más bien

es necesario contrarrestar los miopes intereses económicos y las lógicas de poder de minorías que excluyen a la mayoría de la población mundial y generan pobreza y marginación con efectos de disgregación en la sociedad, así como es necesario combatir contra esa corrupción que produce privilegios para algunos e injusticias para muchos.

Las homilías en Santa Marta

Las intervenciones más frecuentes en términos de corrupción las ha hecho el Papa, como decíamos, durante las meditaciones matutinas en la Capilla de Santa Marta, donde comenta las lecturas propuestas por la liturgia del día. Estas intervenciones tienen por lo tanto un planteamiento puramente pastoral. Veamos detalladamente los pasajes más significativos.

3 de junio de 2013 - “Esto es un peligro también para nosotros: convertirnos en corruptos. Los corruptos están en las comunidades cristianas y hacen mucho mal. Jesús habla a los doctores de la Ley, a los fariseos, que eran corruptos; les dice que son sepulcros blanqueados. En las comunidades cristianas los corruptos son así. Se dice: Ah, es buen cristiano, pertenece a tal cofradía; bueno, es uno de nosotros. Pero nada: existen para ellos mismos. Judas empezó siendo pecador avaro y acabó en la corrupción. La senda de la autonomía es un camino peligroso. Los corruptos son grandes desmemoriados, olvidaron este amor con el que el Señor hizo la viña y los hizo a ellos. Cortaron la relación con este amor y se convirtieron en adoradores de sí mismos. ¡Cuánto mal hacen los corruptos en las comunidades cristianas! El Señor nos libre de deslizarnos por el camino de la corrupción”.

4 de junio de 2013 - “Hoy encontramos el lenguaje de los corruptos. ¿Cuál es su idioma? Este: el idioma de la hipocresía. No lo decimos nosotros, no lo digo yo, sino Jesús, conociendo su hipocresía”. “La hipocresía —subrayó nuevamente— es el idioma de los corruptos. Estos no aman la verdad. Solo se aman a sí mismos y así procuran engañar, involucrar al otro en su mentira. Tienen el corazón mentiroso; no pueden decir la verdad. Es el mismo lenguaje empleado por Satanás durante el ayuno en el desierto: tú tienes hambre: puedes convertir esta piedra en pan; y luego: ¿para qué tanto afán? Lánzate desde el templo. Este lenguaje, que parece persuasivo, conduce al error, a la mentira”.

8 de noviembre de 2013 - Aquí el Papa habla más profundamente sobre las tangentes: Estamos ante “un pecado muy grave porque va contra la dignidad. Esa dignidad con la que somos ungidos con el trabajo. No con el soborno, no con esta adicción a la astucia mundana. Cuando leemos en los periódicos o vemos en el televisor a uno que escribe o habla de la corrupción, tal vez pensamos que la corrupción es una palabra. Corrupción es esto: es no ganar el pan con dignidad”.

11 de noviembre de 2013 - “Donde hay engaño no está el Espíritu de Dios. Esta es la diferencia entre pecador y corrupto. Quien hace una doble vida es un corrupto. Quien peca, en cambio, quisiera no pecar, pero es débil y se encuentra en una condición en la que no puede encontrar una solución, pero va al Señor y pide perdón. A este el Señor le quiere, le acompaña, está con él. Y nosotros debemos decir, todos nosotros que estamos aquí: pecadores sí, corruptos no”.

7 de febrero de 2014 - Hablando del destino de Juan el Bautista, decapitado por orden de Herodes: “cuando existe la corte es posible hacer de todo: la corrupción, los vicios, los crímenes. Las cortes favorecen estas cosas”.

9 de junio de 2014 - La realidad nos muestra —ha dicho el Papa— cuán “fácil es entrar en las pandillas de la corrupción”, formar parte de “esa política cotidiana del do ut des” donde “todo es negocio”. Y —añadió— “¡cuánta gente sufre por estas injusticias!”.

16 de junio de 2014 - “En los periódicos leemos muchas veces: ha sido conducido al tribunal ese político que se enriqueció mágicamente. Ha estado en el tribunal, ha sido llevado al tribunal ese dirigente de empresa que mágicamente se enriqueció, es decir, explotando a sus obreros; se habla mucho de un prelado que se enriqueció demasiado y ha dejado su deber pastoral por atender su poder”. Así pues, están “los corruptos políticos, los corruptos de los negocios y los corruptos eclesiásticos”. Y están “por todas partes”. Porque la corrupción “es precisamente el pecado al alcance de la mano, que tiene esa persona que tiene autoridad sobre los otros, sea económica, política o eclesiástica. Todos somos tentados de corrupción. Es un pecado al alcance de la mano”. “(…) Si hablamos de los corruptos políticos o de los corruptos en la economía, ¿quién paga esto? Pagan los hospitales sin medicinas, los enfermos que no tienen remedio, los niños sin educación. Ellos son los modernos Nabot, que pagan la corrupción de los grandes. ¿Quién paga la corrupción de un prelado? La pagan los niños que no saben santiguarse, que no saben la catequesis, que no son atendidos; la pagan los enfermos que no son visitados; la pagan los presos, que no tienen atención espiritual”.

17 de junio de 2014 - “Cuando nosotros leemos en los periódicos que este es corrupto, que ese otro es un corrupto, que cometió un delito de corrupción y que la tangente va de aquí y de allá, y también muchas cosas de algunos prelados”, es “nuestro deber de cristianos pedir perdón por ellos”, pedir al Señor que “les dé la gracia de arrepentirse, que no mueran con el corazón corrupto”. Por lo tanto, “condenar a los corruptos, sí; pedir la gracia de no llegar a ser corruptos, sí”; pero “también rezar por su conversión”.

14 de octubre de 2014 - “Una vez escuché a un anciano predicador de ejercicios que decía: ‘¿Pero cómo puede entrar el pecado en el alma? ¡Ah, sencillamente! Por los bolsillos...’. Precisamente el dinero, en esencia, es la puerta por la cual pasa la corrupción del corazón. Se comprende, por ello, el motivo por el cual Jesús afirma: ‘Dad más bien como limosna todo aquello que tenéis dentro’”.

7 de noviembre de 2014 - “¿Cómo llegó este administrador al punto de estafar, de robar a su Señor? ¿Cómo llegó? ¿De un día para otro? ¡No! Poco a poco. Tal vez aumentando un día una mancha por aquí, al día siguiente una tangente por allá, y así poco a poco se llega a la corrupción”. Porque “el camino de la mundanidad de estos enemigos de la cruz de Cristo es así, te conduce a la corrupción. Y luego acaba como este hombre, robando abiertamente”.

27 de noviembre de 2014 - “Así sucede también con las personas, con las personas corruptas, que no tienen fuerza para reaccionar”. Porque “la corrupción te da algo de felicidad, te da poder y también te hace sentir satisfecho de ti mismo; pero no deja espacio para el Señor, para la conversión”. “La palabra corrupción hoy nos dice mucho: no solo corrupción económica, sino corrupción con tantos pecados diversos; corrupción con ese espíritu pagano, con ese espíritu mundano”.

Selección y comentarios de citas por GIOVANNI TRIDENTE

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